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En días pasados hemos recibido muchísima información y recomendaciones para mantenernos saludables y prevenir la trasmisión del COVID19 - lavarnos las manos bien (mínimo 20 segundos con agua y jabón), evitar aglomeraciones, no tocarnos la cara sin antes lavar nuestras manos, toser y estornudar con el escudo protector activado, tener cuidados especiales con las personas vulnerables, etc.

Sin embargo, una gran parte de la preparación para emergencias se ha pasado por alto por completo (y se empieza a notar!). Estar preparado o preparada no es sólo cuidar nuestro cuerpo, también debemos prepararnos psicológicamente y considerar los efectos que una adecuada preparación mental puede tener en el desenlace individual y colectivo de las crisis.

Como hemos visto se está dando una proliferación de información errónea que va desde las reacciones de pánico de las personas que disputan los rollos de papel higiénico hasta personas llamando a detener todas las actividades humanas, es difícil seguir estos eventos sin sentir una profunda confusión y ansiedad sobre lo que está pasando en el mundo Con las personas que reciben noticias cada vez más inquietantes, está quedando claro que la preparación psicológica es algo de lo que todos podrían beneficiarse. Pero, ¿qué significa estar preparado psicológicamente? Para el psicólogo Gil Noam, la habilidad clave que necesitamos perfeccionar es la flexibilidad.

Flexibilidad en Medio de una Crisis

Según Noam, tener flexibilidad es tener la capacidad de cambiar las perspectivas y acciones cuando surgen eventos nuevos o inesperados. Esta habilidad, o conjunto de habilidades, nos permite adaptarnos más fácilmente a situaciones estresantes y difíciles, sin agobiarnos por períodos prolongados de tiempo. Ya usamos esta habilidad en nuestra vida diaria cuando manejamos cambios de horario de última hora, cambiamos nuestras horas de trabajo cuando una persona está enferma en casa, priorizamos durante las transiciones de la vida, y así sucesivamente. Sin embargo, la magnitud de esta epidemia en rápida evolución nos insta a pensar y actuar con flexibilidad ahora. Habrá muchos cuyas vidas se verán significativamente afectadas en los próximos días, semanas y meses, por enfrentar más cierres de escuelas, solicitudes o mandatos para trabajar desde casa, o la repentina necesidad de cuidar a los miembros de la familia y la comunidad. Mantener y mejorar una mentalidad flexible será una habilidad crucial para que pensemos con claridad y profundidad como una alternativa para caer en la desesperación y la ansiedad crónica.

El pensamiento flexible, como muchas otras competencias socioemocionales, se puede practicar y mejorar. Y ahora que nos encontramos viajando menos o incluso limitados y limitadas a nuestros hogares, podemos intentar dar ese giro que se necesita. No hay mejor momento para hacerlo que ahora, porque necesitaremos distracción y metas pequeñas y grandes. Podemos usar este tiempo para hacer algunas cosas de manera diferente y practicar un ajuste flexible de manera consciente y preparada. En jóvenes y adultos, se ha demostrado que la flexibilidad y otras funciones ejecutivas aumentan con actividades como la meditación, el yoga, los ejercicios aeróbicos y la relajación.  También está comprobado que las actividades manuales, como el tejer, el pintar, bordar, la jardinería, etc., ayudan a inducir estados de relajación mental muy positivos. Elija una de estas actividades con las que aún no está comprometido o comprometida. Otras formas para que los adultos se adapten más fácilmente a esta nueva realidad incluyen considerar y adoptar soluciones inusuales, alentar perspectivas externas, enmarcar problemas desde diferentes ángulos y desafiar las creencias previamente sostenidas, componentes del pensamiento creativo o divergente que todas y todos podemos comenzar a practicar.

Mantenerse flexible en tiempos de miedo y angustia es difícil, y las personas a menudo se retraen en el modo de supervivencia, se vuelven rígidas y recurren a comportamientos probados y verdaderos en respuesta a situaciones aterradoras. Muchas de estas acciones rituales se pueden ver en los síntomas de ansiedad y trastornos depresivos. La falta de flexibilidad a menudo se ve como un déficit en un aspecto clave de la salud, y la evidencia también muestra que el estado de ánimo se asocia con la capacidad de ser flexible. Por lo tanto, piense en la flexibilidad como un medicamento contra la ansiedad, un medicamento que enfoca su mente en las posibilidades más que en las deficiencias (como perder la libertad de movimiento).

Si nos quedáramos en casa durante días o semanas, podríamos encontrarnos con el tiempo; una mercancía que generalmente no tenemos. Podemos usar este tiempo para comunicarnos y descubrir que muchos y muchas de nosotros no hemos pasado tiempo en cosas que son realmente críticas. Por ejemplo, podemos comenzar a relacionarnos con amistades con quienes hemos perdido contacto, comenzar a participar en foros de vecindarios en línea, encontrar tiempo para hacer ejercicio, elegir un nuevo pasatiempo, organizar nuestro espacio de vida o pasar más tiempo de calidad con nuestras parejas y familias.

Noam recomienda no sólo centrarse en las pérdidas, sino también en las oportunidades que harán que la mente sea más resistente. La gente se une en tiempos difíciles. Podemos transformar la frustración, la ira y la ansiedad en creatividad e innovación y cuidar nuestras relaciones. Bucarnos a nosotras y nosotros mismos y buscar a los demás son formas de no permitir que nuestra ansiedad aumente la rigidez, sino de utilizar este momento histórico para evolucionar de manera flexible.



Referencia:
Gil Noam en Flexibility in the Midst of Crisis

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